La fiesta del Señor Jesús del Gran Poder, más conocida como El Gran
Poder, es una celebración religiosa que se acontece en la ciudad de La Paz, en
el Altiplano de Los andes de Bolivia. Se celebra anualmente, a finales de mayo
o a principios de junio. Un gran desfile de bailarines recorren varios kilómetros.
Esta fiesta se realiza en homenaje a la representación del Señor Jesús, que se
adora en la iglesia de San Antonio Gallardo.
Esta costumbre muestra una visión andina de la distribución de la
riqueza, como en las comunidades del Altiplano Andino, donde la reciprocidad es
fundamental para el bien de la sociedad. Se habla de “Ayni”, lo que significa
hoy por ti mañana por mí.
La Fiesta del Gran Poder es el escenario donde se expresan tonto los
procesos de modernización y de globalización como los de reivindicación étnica,
actúa como el ¨lugar¨ donde se visibiliza una sumatoria de identidades en la que
intervienen los relatos y las representaciones de los sujetos sociales. Desde
diferentes miradas, diferentes varias ciudades aparecen como una “mixturación”
de prácticas y representaciones.
La zona del Gran Poder es, la clara expresión de las diversas facetas
sociales y culturales que tiene la ciudad de La Paz, además de que construye
una muestra ilustrativa del conjunto de problemáticas que caracteriza a la
sociedad boliviana. Independientemente de las diferencias socio-culturales.
La fiesta del Gran Poder es considerada como uno de los principales
impulsores para que la zona tenga prestigio no solo comercial sino también
folklórico y de gran atractivo turístico.
Cambios sociales y culturales están ocurriendo en torno al culto del Señor
del Gran Poder, tanto en sus aspectos más religiosos concurrencia masiva en las
promesas, milagros, fiesta anual, etc.) similares a todas las grandes festividades religiosas populares
de Bolivia, como en sus aspectos sociales, comerciales, festivos, políticos y
folklóricos. Especial relieve tiene la creciente importancia de la danza de la
morenada en la festividad, en la que participan numerosos sectores sociales
tanto en la zona como en la ciudad de La Paz.
Existen danzas donde bailan determinados estratos sociales. El bailar
distingue y marca limites bien precisos en los distintos estratos, además,
posibilita la construcción y operación cotidiana de categorías como lo prohibido/lo
permitido, lo cómodo/lo incomodo, lo informal/lo serio, lo divertido/lo
aburrido, lo amplio /lo estrecho, en fin, el buen gusto claramente separado del
mal gusto.
Bailar en una morenada de cierto prestigio es bastante diferente (y
diferenciador) a bailar en los waka wakas o en la diablada, sin embargo la
fiesta no solo distingue sino también identifica. Esto se realiza en dos
niveles: horizontalmente, en el interior de un grupo distinguido (morenada);
verticalmente en torno a significantes comunes y en diferentes escalas (zona o
barrio).
Bailar en la morenada es reconocido socialmente, por tanto es la danza
donde mucha gente participa, implica todo un despliegue no solo económico sino
simbólico que posibilita mejorar los vehículos y reforzar o establecer redes
sociales; puerta de entrada a un universo social donde se aspira a ser
reconocido socialmente y generacionalmente.
Por ello la Fiesta del Gran Poder lo que más se busca a nivel cultural
es demostrar EL PODER no solo económico sino simbólico y el ámbito más propicio
es la morenada, danza que en la actualidad tiene la categoría de (pesada), no
solo por las características de la danza sino por el fuerte gasto económico que
supone el prestigio social que implica.
En la modernidad se define por una particular percepción de la dinámica
temporal cuyo patrón central es la instauración de la novedad. La sociedad
moderna situara su modelo de desarrollo en la renovación permanente de la
ruptura con el pasado, del quiebre con la tradición. Para legitimar este accionar
deberá apelar a un tipo de relato que, a diferencia del mito, no sea
retrospectivo sino proyectivo.
Justamente, el surgimiento de muevas fraternidades, es la expresión de
sectores aymaras emergentes, que muchos cientistas sociales han denominado como
(burguesía chola) o los (nuevos qamiris). Ellos tienen la posibilidad de
reflejar los deseos de innovación de un grupo social emergente. La
consolidación de una nueva elite que tiene sus aspiraciones y valores, otras
características, una forma muy particular de ejercicio de poder no solo en el
ámbito económico sino fundamentalmente
en el simbólico, su firma de escenificación del prestigio, su propia estética y
una manera de articular lo global y lo local redefiniendo la identidad aymara.
Cuanto tienes cuanto vales: si tú quieres yo te pago: el poder
económico. Los miembros de los fanáticos, intocables, son comerciantes de la
zona del Gran Poder, pero también vienen de otros barrios, son comerciantes de
la zona 16 de Julio y Villa Dolores de la ciudad de El Alto y vienen a bailar a
estas fraternidades. Estas mismas fraternidades construyen redes económicas con
distintos agentes económicos (bordadores, pollererías, joyerías e importación
de telas) que todos los participantes de esta fraternidades deben obtener todos
estos objetos de los lugares que los pasantes les digan, es como una obligación
ya que si no opntiene de esos lugares estarían quebrando su economía.
El mundo aymara se inserta en la dinámica urbana a través de la
transformación de sus identidades culturales, hechas de destiempo, de secretas
vecindades e intercambios entre modernidad y tradición. Estos sectores al mismo
tiempo viven cambios no solo en el mundo del trabajo, sino en la subjetividad,
en la identificación con ciertos sectores sociales con imaginaciones urbanas.
Es muy difícil saber si la adherencia de elementos ajenos alrededor del núcleo
central de la cultura yamara está consiguiendo modificar el ethos organizador
que la hace diferenciable de otras.
Clifford (1995) señalaba que una cultura, a diferencia de un cuerpo,
puede perder un órgano central y no morir. Todos los elementos esenciales de la
identidad son, bajo determinadas condiciones reemplazables: la lengua, la
tierra, la sangre, el liderazgo, la religión. Existen tribus viables,
reconocibles en las que cada uno o, incluso, la mayor parte de estos elementos
están perdidos, reemplazados o ampliamente transformados.
Pero la comprensión de la cultura aymara abarca aspectos que no derivan
directamente de los epicentros nucleares sino que los comportamientos en público,
el lenguaje y las maneras de expresarse, las formas de organización de la vida
diaria, los interés personales y de comunidad, los códigos que marcan las
relaciones cotidianas, los mecanismos de prestigio a través de la fiesta
religiosa, las maneras de diferenciarse de los otros los nombres que se ha dado a los hijos, los
sistemas de fiesta , las perspectivas y posibilidades de relación individual,
las normas y valores comunes son experiencias, prácticas y formas de
representación diferenciadas que se constituyen más allá de determinadas
maneras de hacer en común y es necesario tomarlas en cuenta .
No hay que olvidar que hoy más que nunca es difícil hablar de
identidades estables y que la propia vida del individuo está sujeta a roles y
afinidades diversos. En la vida diaria en la ciudad, el individuo participa de
diversos mundos, circunstancias, ambientes, situaciones concretas, etapas de la
vida que influyen sobre las formas como se procesan la experiencias grupales.
En este sentido, los aymara establecen zonas de contacto con su
tradición y con lo moderno, donde las fronteras étnicas son dinámicas. No se
trata de homogeneizar lo hibrido como un discurso producido en diferentes situaciones
y relaciones históricas de poder, como principio de explicación, impuesto desde
arriba o inventado desde abajo.
Estos aymaras mezclan y combinan formas. Necesitamos ser capaces de
reconocer los reclamos estratégicos en favor de la emergencia del imaginario
mestizo como posibles situaciones de resistencia y fortalecimiento de su
identidad ante la equitación discriminatoria.
BIBLIOGRAFIA
ALBO Xavier y Matias Preiswerk. 1986 Los señores del
Gran Poder. Centro Teológico Popular, La Paz.
CLIFFORD, James. 1995(Identidad en Mashpee) en:
Dilemas de la Cultura. Gedisa, Barcelona.
VALENZUELA, José Manuel 1998 (permanencia y cambio de
las identidades) en: El color de las sombras. Chicanos, identidad y racismo.
Ed. Plaza y Valdés, México.

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