viernes, 4 de noviembre de 2016

EDUCAR CON EL EJEMPLO

A través del análisis de la película Dogville muestra cómo nuestra interpretación queda enfrentada a otras interpretaciones posibles y que, lejos del relativismo o la «neutralidad», dicha interpretación es más fuerte que las demás en base, por supuesto, a las argumentaciones que desarrollamos y que se mantienen constantemente en la inmanencia de la película. Pues de lo que se trata, efectivamente, es de explicar la película desde su principio hasta su final y habrá que regresar continuamente a ella para no caer en el defecto que ya reconocemos puede ser el mayor peligro en este tipo de análisis: imponer, en función de una ideología determinada, un esquema previo haciendo un vaciado de todos aquellos elementos que entorpezcan esa interpretación ideológica y no encajen con ella.
Pero lo importante a subrayar aquí es que se puede afirmar que Grace (la extranjera) es la contrafigura del extranjero de Camus. En Dogville es la comunidad la que se presenta con la frialdad característica del héroe de Camus. Sus aparentes sentimientos de comprensión y solidaridad no hacen sino esconder su verdadera rapacidad. Es, en cambio, Grace la que representa, no el «paganismo» mencionado por Llosa, sino los sentimientos más puramente cristianos llevados al límite. Grace sería el extranjero que, en principio víctima de la sociedad, tiene, sin embargo, el suficiente poder para no ser «guillotinado», sino, más bien, para ejecutar la justicia debida. ¿No se parece la decisión de Grace, de vengarse del pueblo, al asesinato que comete Meursault contra el árabe? ¿No tiene también un cierto sentido de arbitrariedad? En el caso de Meursault es el sol reflejado en el cuchillo del árabe el que le impulsa a tomar la decisión; en el caso de Grace, es la luz de la afilada luz de la luna la que le lleva a ver Dogville desde diferente «perspectiva». ¿Es sólo un elemento dramático? Pensamos que representa simbólicamente, aparte del paso del tiempo con su ciclo de cuatro estaciones, la aparición (en la progresiva iluminación de la oscuridad para desembocar, finalmente, en el rojo infernal) de la «ilustración» (o, si se quiere interpretar desde el punto de vista religioso-moral, de la gracia, y su progresiva degradación); pero también la implicación de las emociones en los asuntos morales. 
No hemos hablado hasta aquí, el final, del perro (que da nombre a la película, porque en Dogville sí hay perro aunque en la calle Elm Street no haya olmos), pero es que es precisamente al final de la obra donde el perro se «encarna». Tampoco hemos hablado de las posibles interpretaciones religiosas de la película, muy dignas de tener en cuenta considerando su importancia en toda la trayectoria cinematográfica de Lars von Trier. Uno de los trabajos más sugerentes al respecto es Dogville. El día de la ira. En él, María Villalva, afirma que en la película se realiza una aproximación a la figura de Jesucristo: «Grace es una figura mesiánica que llega a una sociedad en miniatura, un pequeño pueblo que no tiene por qué ser representación de un pueblo americano; ni siquiera es un pueblo que refleje a la sociedad occidental, sino que parece más bien un símbolo de la corrupción que anida en toda sociedad, ya sea del norte o del sur, del este o del oeste». Como se ve Villalva coincide con nuestra interpretación no específica, sino genérica a toda sociedad, que hemos conferido a Dogville. El problema es que, al embarcarse en una interpretación religiosa (de corte terciario, cristiano) e identificarse con ella, cae en los mismos errores metafísicos propios del cristianismo al señalar una especie de corrupción eterna, de pecado original inscrito en las entrañas de la naturaleza humana. Villalva indica que Grace es la gracia salvadora en el particular evangelio de Von Trier, que la progresiva intensidad de la luz (símbolo del regalo de sus dones) tiene su punto culminante en la parábola de la curación espiritual del ciego, que la casa de los Jeremiah (o de la predicación lamentosa) carece de la figura de un guía, cuyo puesto es ocupado por un personaje ambicioso y mediocre (Tom), un lobo con piel de cordero, que «la actitud del niño Jason hacia Grace revela el mismo chantaje del ser humano hacia Dios, la queja paralizante: acechar el momento en que golpea para poder quejarse de él» y, sobre todo, dice, «lo que domina en los habitantes del pueblo es un miedo difuso que se concreta en el temor a la ley o a los gansters –Dios y el diablo–, percibidos por los habitantes del pueblo como una única fuente de temor, según Von Trier». Además Villalva señala que las siete figuritas, que va adquiriendo Grace con su trabajo, simbolizan los siete pecados capitales de los que iría librando al pueblo. Pero los hombres no quieren ser librados de sus miserias y esclavizan a aquel que quiere hacerlo, reclamándolas con egoísmo.
Referencias
CARPIO, Juan Fernando: Dogville: El camino hacia el infierno. http://www.liberalismo.org/bitacoras/7/1009/
HEREDERO, Carlos F.: «Dogville. La cara oculta del sueño americano», Dirigido por, Barcelona, nº 328, noviembre 2003.
URIBE VILLARROEL, Matías: Liminaridad y communitas perversa como expresión cultural en Dogville (2003) de Lars von Trier.
http://www.sepiensa.cl/edicion/index2.php?option=content&task=view&id=451&pop
VARGAS LLOSA, Mario: «El extranjero debe morir», prólogo a El extranjero de Albert Camus. Círculo de Lectores, Barcelona 1988.
VIDAL, Nuria: Dogville. http://www.fotogramas.wanadoo.es/fotogramas/CRITICAS

   

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